El Auto de la Semana nos desafía para nuestras Impresiones de Manejo con un producto de la casa de los tres diamantes: el probado y fiable Mitsubishi Outlander, que en sus diversas configuraciones de equipamiento demuestra por qué sigue siendo uno de los SUV más versátiles y coherentes del mercado. En esta oportunidad nos toca evaluar la versión SEL, un nivel intermedio que, sin aspirar al lujo extremo, incorpora una notable evolución respecto a generaciones anteriores y se posiciona como una opción muy equilibrada dentro del segmento.
El Outlander SEL nos deja impresiones de manejo muy satisfactorias desde los primeros kilómetros. Su conjunto mecánico —motor 2.5 litros de 4 cilindros, 181 hp y caja CVT— entrega un desempeño que podríamos describir como “correcto, confiable y bien calibrado”. No busca emociones fuertes, y tampoco pretende hacerlo: la aceleración es progresiva, predecible, y la transmisión CVT simula cambios bajo demanda para evitar la sensación de “elasticidad infinita” que suele incomodar en este tipo de cajas. El resultado es una entrega suave, eficiente y muy adecuada para el uso diario, especialmente si lo pensamos como un vehículo familiar o de rutinas urbanas con ocasionales viajes largos.
Donde el Outlander realmente sorprende es en su confort de marcha. La suspensión filtra con excelente criterio los baches, badenes y pavimentos irregulares, manteniendo al mismo tiempo un punto de firmeza que transmite control. Es uno de esos SUVs que se sienten “bien plantados” en ruta, generando confianza a velocidades altas sin sacrificar comodidad en ciudad. Este equilibrio, difícil de lograr en un vehículo de tres filas, es uno de los grandes aciertos del modelo.
A esto se suma un trabajo destacado en insonorización. En autopista la cabina permanece silenciosa, con muy poco ruido de motor y viento, incluso en unidades equipadas con llantas de 20 pulgadas. El aislamiento reforzado del habitáculo es, sin duda, un punto que lo ubica por encima de varias alternativas directas del segmento.
La dirección, por su parte, es rápida y directa, lo que facilita maniobras urbanas y hace que el Outlander se sienta más ágil de lo que sugieren sus dimensiones. El radio de giro es muy bueno para estacionar o girar en calles estrechas, mientras que el chasis demuestra notable estabilidad en curvas. El tren delantero transmite precisión, y con el sistema de tracción AWC, la salida de curvas y el agarre en lluvia o caminos de tierra ligera se vuelven más seguros y previsibles.
En el interior, el Outlander SEL vuelve a cumplir. Los asientos en cuero, calefaccionados (y ventilados en muchas unidades), ofrecen gran comodidad y sostén en viajes largos. La posición de manejo es fácil de ajustar y todos los mandos están ubicados de forma intuitiva, creando una cabina que combina modernidad con ergonomía. Mitsubishi mejoró la calidad percibida del habitáculo, con materiales más agradables al tacto y un diseño más sobrio y actual, sin perder su enfoque práctico.
Las asistencias a la conducción son otro punto que destaca. El control crucero adaptativo, las ayudas de carril, la mitigación de colisiones y los distintos modos de manejo trabajan de manera suave y poco intrusiva, aportando una sensación de manejo relajado y contemporáneo. Nada exagerado, nada molesto: un punto justo.
En síntesis, el Mitsubishi Outlander SEL se presenta como un SUV que sabe perfectamente cuál es su misión: ofrecer confort, seguridad, espacio y eficiencia sin vender una imagen que no le corresponde, no obstante fue objeto de la muy exigente prueba realizada hace unos meses por nuestro colega Enrique Kogan, uniendo casi sin parar el sur de la florida con alaska, en una performance destacada y dando plena satisfaccion.



